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Mostrando las entradas etiquetadas como soledad

La centella de María Guadalupe

La centella de María Guadalupe Todos estaban en la adoración de la santa cruz… todos… yo lo único que hacía era estar ahí, en cuerpo, sentado, presente. Sin embargo, había una lucha de ideas en mi cabeza: las que decían tienes que estar aquí y las que lastimaban diciendo no tienes que estar aquí. De cualquier manera, la voluntad venció a la imposición, lo que me llevó sentirme muy cómodo dándole el pésame a los familiares de aquella familia en esperanza, en resistencia, en perseverancia y en ánimo. Desde antes de que llegara al patio en donde se llevó a cabo la adoración, aquellos cielos oscuros anunciaban el paso de unas gotas de lluvia: los truenos y uno que otro relámpago pasaban primero, por muy enfrente del desfile que caminaba lentamente a merced de los vientos del norte. Aquello me hacía recordar una caravana, pero una especial que no necesariamente era para admiración, sino más bien de meditación. Al reloj no le dio tiempo de marcar su minutera hasta el seis...

Los sueños de Azucena

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Los sueños de Azucena Corría la primera noche del brumario para una niña de nueve años que vivía en el poblado de Españita, en México. Su nombre era Azucena, o florecita blanca, como solía decirle su abuelita Buganvilla desde que la vio por primera vez. Claro que ahora, ya casi hacían dos años que Buganvilla se había mudado al poblado de las Pléyades por motivos que Azucena apenas sí llegaba a entender pese a las explicaciones de sus padres.     Desde que su abuelita se mudó, a la pequeña Azucena le gustaba levantarse temprano los sábados y domingos para acostarse cerca del pino que se levantaba en el fondo del arriate de su casa, para así, imaginar a su abuelita Buganvilla y recordar los cuentos que ella le platicaba tan gustosamente. Su favorito era ese que hablaba de la señora Viuda Negra: mujer valiente e inteligente, quién por un manifiesto del Dios Arrebol, se le dio la tarea difícil de resguardar uno de los venenos más poderosos del mundo, afín de que no cay...

Tengo talento escondido

Tengo talento escondido Tengo talento escondido, muere a cada instante... allá, más lejos del olvido. Espero sentado sensato en el parque de las hadas; el sol muere a mi costado y el viento triste, también, como mayo. La columna nació cansada, cae con ella las hojas verdes, y mi agotada loca palabra corre a lo lejos hasta perderse. Segundo a minuto, de mi abusa el olvido. Leer más de... Colección Los muros de mi castillo

La enfermedad es sólo un estado mental

La enfermedad es sólo un estado mental La enfermedad es sólo un estado mental: por eso mantén siempre la luz encendida. La enfermedad es sólo un estado mental: por ello respira siempre profundamente. La enfermedad es sólo un estado mental: reparte alegrías con los menos afortunados. La enfermedad es sólo un estado mental: mantén en alerta a todos tus sentidos. La enfermedad es sólo un estado mental: no dejes abatir. La enfermedad es sólo un estado mental: lucha, pues lo que ha de ser… será. La enfermedad es sólo un estado mental: Concéntrate y deja que fluya el dolor afuera de ti. La enfermedad es sólo un estado mental: acepta los regalos que te estén designados. La enfermedad es sólo un estado mental: llora, llora cuanto puedas por es una forma de purificarte. La enfermedad es sólo un estado mental: tan engañosa es como el sabor salado de la sal. La enfermedad es un solo un estado mental: estir...

No tengo ganas de escribir

No tengo ganas de escribir No tengo ganas de escribir porque los anzuelos de hierro fueron carcomidos por la acidez de las sales marinas. No tengo ganas de escribir Porque los remos de la balsa se ocultan por motivo de la lepra que los asesinan. No tengo ganas de escribir Porque las semillas no dieron el durazno dulce que los hambrientos anhelaban. No tengo ganas de escribir Porque la tierra no encuentra lluvia que cure los rasguños del arado. No tengo ganas de escribir Porque las alas de las polillas han traicionado a al espíritu del viento. No tengo ganas de escribir Porque las ruinas de los sagrados templos fueron construidas con látigo y sangre. No tengo ganas de escribir Porque la luna se sacrifico hace millones de años sólo para dar existencia a la noche. No tengo ganas de escribir Porque cubro a mi rostro con arcilla seca para evitar que sea tocado por la gracia y la verdad. Hoy no tengo ganas de escribir. Leer más de....

La otra cara de la luna

La otra cara de la luna La otra cara de la luna me remite a los sonidos del otoño, al mar de estrellas que deambulan por el volcán de mis praderas. La otra cara de la luna alimenta mi necedad insaciable por adquirir los deseos sofocados por el suspiro de nuestro geiser. La otra cara de la luna agita el espectro del oasis descubierto corrompido por la danza del gusano de seda sobre los pétalos del cactus. Permite que mis brazos desentierren los diminutos diamantes agitados sobre el caos que subyacen a través de los cocos en las palmeras. No permitas que se contaminen tus jugosos frutos por aquella belleza que despierta un éxtasis extinto hace eones. Aléjate de la suntuosidad exonerada sobre los barcos que arrebatan amores inocentes y tenues llevados hacia la otra cara de la luna. Corrompe las hamacas entre el sol y la luz, entre el dulce y lo fresco, que borre el antifaz de la otra cara de la luna. ...